Quintana Roo produce miel de alta calidad pero no la consumen sus habitantes.
Desde tiempos ancestrales que nos remonta a la época del territorio, la actividad apícola se constituye en una de las principales actividades económicas, generadora de divisas del sector agropecuario y forestal de Quintana Roo.
Junto con la producción de copra, chicle y la captura de langosta, caracol y algunas otras especies de escamas, fueron el sustento de la economía del entonces territorio y después del estado libre y soberano en sus inicios; mucho antes que el turismo.
Sin embargo, es una realidad que estas actividades decayeron estrepitosamente en los últimos años por falta de políticas públicas que las conservaran.
Por ejemplo, la producción de copra acabó junto con los grandes plantíos de palmas afectados por la plaga del amarillamiento letal del cocotero, la chiclera apenas visibilizada por falta de apoyos y voluntad política, y la captura de langosta, caracol y especies de escamas subsisten a duras penas, algunas en veda temporal como medida urgente para conservar la especie.
A pesar de ello, la producción de miel en Quintana Roo, representa en el contexto nacional una cifra de 17 mil 541 toneladas anuales de miel de la mejor calidad en el mercado internacional, la segunda actividad más importante del sector primario y el tercer lugar dentro de las exportaciones del estado, que lo ubica en conjunto con la Península de Yucatán, como la más importante de México.
Actualmente hay alrededor de 43 mil 000 apicultores en todo el país, con más de 30% de la producción concentrada en Yucatán, Campeche y Quintana Roo, poco más de 17 mil apicultores que manejan más de 0.5 millones de colmenas.
Ante la caída de la demanda de los productos naturales de origen extractivo, la miel se convirtió en el principal producto de exportación de origen natural; Sin embargo pudiera alcanzar mejores altitudes pero la falta a tiempo de los apoyos da el contraste.
Lo vemos con Linda Cobos, la encargada del campo en el estado que frena todo tipo de desarrollo con su parálisis laboral, recientemente productores apícolas sé quejaban de ella, que no daba a tiempo los recursos para desarrollar el sector, recordemos que la producción apícola en la entidad se sustenta sustancialmente por la población indígena.
Hoy la ironía de la vida, es que a pesar de que Quintana Roo es uno de los principales productores de miel en México, su población es obligada a consumir miel adulterada o sustitutos que dañan seriamente, como acontece en los mercados, tianguis, el comercio informal hasta en las tiendas de conveniencia de Chetumal, y la autoridad no hacen nada por frenarlos, apatía o contubernio, llámelo como quiera, pero ni la COFEPRIS, ni el municipio, ni nadie, hace algo por erradicar estas prácticas de corrupción que afecta a todos.
